“We transform suffering into presence, while the lower self uses it for self-pity.”
 

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"What was that sorrow I was suffering in my sleep? How did I forget the states of truth?"
Rumi 

"All schools are equally difficult—they all require transformation of suffering to produce presence."
 

"As long as we think we are the self, we feel attached and fall into sorrow."
Upanishads 

"We bring everything we have—all of the suffering we have experienced in our life—to the word Be, and then Be engages divine presence."
 

"There is no suffering for the one who has completed the journey."
Buddha 

Para estar presentes tenemos que aprender a dejar de creer en nuestros propios pensamientos y sentimientos, con el fin de comprender que estos son transitorios e insubstanciales, que llenan el espacio que debería ocupar la presencia. Los momentos en que estamos sufriendo o nos sentimos tristes son en particular un desafío, porque son también los momentos en que nuestros pensamientos y sentimientos nos parecen más válidos, intensos y reales. Esto significa que el sufrimiento es nuestro mejor despertador, y que el uso correcto de nuestro sufrimiento es una de las formas principales de despertar al presente.

Realmente no transformamos nuestro sufrimiento, nos transformamos a nosotros mismos —cambiamos el foco de nuestra atención de la parte en nosotros que sufre, se resiente, o está triste, y lo reubicamos en el presente. Este proceso nos muestra que mucho de nuestro sufrimiento tiene lugar en la imaginación, y que las cosas no son negativas en sí mismas, solo nuestra actitud hacia ellas. Con una actitud correcta estamos abiertos a recibir ayuda de un nivel superior, de la presencia misma, lo cual nos permite no solo aceptar nuestro sufrimiento sino transformarlo en una experiencia completamente distinta. Sufrir nos ayuda a estar presentes y la presencia trasforma nuestro sufrimiento.

El sufrimiento esta entretejido en la vida humana sobre la tierra. No podemos evitarlo; en realidad, sin sufrimiento no podríamos despertar. Es, pues, una alegría aprender que la verdadera alquimia es la transformación del plomo del sufrimiento en el oro de nuestra propia presencia y descubrir las herramientas internas que hacen esto posible.